Ciudad de Panamá, para subir al cielo

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Foto: Wikipedia

Al aproximarnos a Ciudad de Panamá se aprecia una ciudad transitada, en permanente evolución y cambio, una urbe llena de importantes contrastes.

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La Historia comienza en Panamá La Vieja, a ocho kilómetros de la actual capital. Fundada en el año 1519 por Pedro Arias de Ávila, de aquí salieron Diego de Almagro y Francisco Pizarro a la conquista del Imperio Inca. Cuesta imaginar, observando los escasos vestigios de la ciudad original, el esplendor de antaño. Tan sólo permanecen en pie los restos de la catedral, el cabildo y las casas reales, de corte, por donde hoy caminan sin prisa los turistas.

Panamá La Vieja, capital de tierra firme, era la opulenta residencia del Gobierno, sede episcopal y corazón del comercio americano. El terrible Henry Morgan la saqueó e incendió en repetidas ocasiones. En el siglo XVII el gobernador ordenó su traslado a lo que hoy se conoce como Casco Antiguo, en el barrio de San Felipe. Literalmente, la ciudad fue trasladada piedra a piedra, con todas sus órdenes religiosas, calles, avenidas y hasta plazas. Y el resultado fue todo un éxito: pasear por el Casco Antiguo es un reencuentro con  la Historia.

Las estrechas calles empedradas, los balcones de hierro forjado que filtran la luz y las cornisas del Casco Antiguo evocan imágenes del glorioso pasado de la ciudad como centro comercial del nuevo mundo. Un pasado que no se avergüenza del despiadado transcurso del tiempo y que, por ende, se muestra agradablemente decadente. Orgullosa, muestra el impresionante altar de oro de la catedral de San José o las ruinas del convento de Santo Domingo. Tesoro arquitectónico que nos recuerda  a Cartagena de Indias o La Habana Vieja, mezcla de color y sincretismo que llenan de un encanto único callejuelas en donde vale la pena perderse y reencontrarse con la memoria entre sus adoquines.

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Entre estas dos ciudades, Panamá La Vieja y el Casco Antiguo, se levanta la Panamá  moderna, la de las torres de hormigón, cristal y acero. Coquetea con algo más de un millón de habitantes, con modernos rascacielos y centros comerciales gigantescos. La avenida Balboa, que discurre paralela al mar, Punta Paitilla y la avenida España, centro financiero de la capital, son el exponente de la Panamá contemporánea, la misma que se precia de ser la meca imbatible del shopping de Latinoamérica. Esta ciudad es un paraíso para el comprador, que puede encontrar aquí una gran variedad de mercancías de todas las partes del mundo. Ir de compras a la Avenida Central es una experiencia, una de las avenidas comerciales más grandes convertida en una pintoresca vía peatonal, adornada con hermosas plantas y bancos para descansar. Mientras, Albrook Mall, Multiplaza y otros compiten en atraer al visitante con sus precios, que a veces hasta parecen irreales.

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Esta urbe es una ciudad que escapa al concepto caribeño que uno cree que encontrará en ella. Aquí uno se siente atrapado en medio de un ritmo acelerado que se nota en la diversidad que ofrecen sus calles: automóviles en nervioso trayecto, innumerables peatones… pero todo a su vez en contraste con la tranquilidad de su malecón al atardecer, que juega  con la sombra de los rascacielos que quieren alcanzar el Caseway, que cruza impertinente el horizonte. Un hermoso terraplén que une la ciudad con islas cercanas y que hoy ofrece la posibilidad de caminar, patinar, montar en bicicleta y apreciar el paisaje de una ciudad encantadora.

En Ciudad Panamá tiene cabida la morena imagen del África ardiente, el judío que camina a la sinagoga sin prisa, el chino que vende laboriosamente sus frutas frescas, el indostano que reza a la meca en las tardes de calor tropical. Se puede cruzar de un templo hindú a una mezquita, de un impresionante templo bahai a la más moderna iglesia católica. La ciudad de Panamá constituye un mosaico de grupos humanos de casi todas las partes del mundo.  Y es que este país bebió de muchas fuentes: la española de los primeros colonizadores; la de los franceses, judíos norteamericanos, africanos y chinos que vinieron a construir el Canal; laboriosos indostanos; y hasta los amerindios que habitaron el istmo siglos antes de la llegada de Colón.

La rica variedad que ofrece sorprende al visitante y se refleja en la no menos interesante variedad arquitectónica de esta ciudad, que vibra entre  hermosas playas que unen dos océanos y el bosque tropical lluvioso con su exuberante flora y fauna. Aquí se levanta  una ciudad de contrastes donde es posible sumergirse en la historia y la cultura al tiempo que admiramos una de las maravillas de la ingeniería de los tiempos modernos: el Canal de Panamá.

Desde el moderno distrito financiero, que nos recuerda a un Miami con visos caribeños, y la zona de Libre Comercio de Colón, el corazón comercial de la nación,  la vista nos trae a la memoria el moderno desarrollo del país. Sin embargo, casi al alcance de la mano vive la tribu indígena mejor preservada culturalmente del Sur y Norte del continente Americano, los Kunas, que inundan con sus colores abigarrados cualquier calle de la ciudad. Junto a rostros de otras muchas etnias y grupos, le otorgan ese sabor único de ciudad cosmopolita.

Quien visite Panamá tiene que llegar preparado para conocer una ciudad que ha reunido el bullicio afro antillano, el andar indígena y la nostalgia europea, aderezada con el mar, siempre presente, y con ese toque de ciudad de negocios que no la abandona nunca. Un mundo lleno de contrastes donde la historia y el modernismo se fusionan en un todo único.

El Canal

Lo cierto es que el Canal de Panamá ha sido durante años un atractivo especial para el visitante, pero a la vez  ha ocultado también ante el turista inexperto la belleza de una nación que es necesario descubrir sin prisas. Cómplice, la ciudad convive con esta maravilla arquitectónica universal y la infraestructura que la rodea. Simplemente sería un delito ir al país y no conocerlo.

Sin duda se trata de la más conocida carta de presentación de la nación istmeña en el mundo, no sólo porque su estratégica ubicación entre los océanos Atlántico y Pacífico haya influido decisivamente en el  desarrollo comercial y económico del siglo XX al ser la vía más corta y barata entre estos dos océanos, sino por ser en si mismo  una de las maravillas de ingeniería del mundo. Aun con los adelantos de hoy, es asombroso observar cómo un enorme barco de contenedores se desliza a través de las esclusas para cruzar de un océano a otro. Llama extraordinariamente la atención la operación por lo exacto de su eficacia,  a pesar de haber sido construido al inicio del siglo XX.

puente de las americas 1 - Ciudad de Panamá, para subir al cielo

No deja de asombrar  a los visitantes esta maravilla de la ingeniería que logra  elevar buques cargados por encima de la división continental de las aguas para pasar de un océano a otro. Así que ningún viaje a Panamá estará completo si no visita el Canal, con sus 50 millas de extensión. Muchas agencias de turismo ofrecen recorridos parciales en confortables barcos que permiten a los pasajeros atravesar el Canal pasando por el costado de grandes cargueros. Los puntos de interés incluyen el Lago Gatún, el Corte Gaillard a lo largo de la división continental y tres esclusas que elevan los buques a 85 pies sobre el nivel del mar: Gatún en el Atlántico y Pedro Miguel y Miraflores en el Pacífico. Desde un  excelentemente acondicionado centro de visitantes los turistas pueden observar el cruce de los barcos en las esclusas de Pedro Miguel y  Miraflores,  donde los enormes buques suben o bajan 54 pies hacia la próxima etapa en su travesía del Caribe al Pacífico o viceversa.

Una de las vistas más impresionantes del Canal se tiene desde el Ferrocarril del Canal de Panamá. Un viaje de 47 millas en tren que permite recorrer el bello panorama de las frondosas y verdes junglas pluviales desde la comodidad de sus vagones de lujo.

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Algunas cifras curiosas

  • El primer tránsito oficial en el Canal de Panamá fue el realizado por el vapor Ancón el 15 de agosto de 1914.
  • Hasta 1995 el peaje más alto corresponde al Crown Princess, que pagó 141.349,97 dólares al transitar el 2 de mayo de 1993.
  • El peaje más bajo fue de 36 céntimos de dólar y fue pagado por Richard Halliburton al cruzar nadando el Canal en 1928.
  • El récord de carga transportada por el Canal corresponde al buque cisterna Arco Texas, que transitó en 1981 con 65.229 toneladas de petróleo.
  • El buque más largo, con 229 m de eslora y 32,6 m de manga, fue el San Juan Prospector. Los buques más anchos han sido el acorazado norteamericano New Jersey y otros de su clase, con 32,91 m de manga.
  • Cada año 250.000 personas acuden al mirador de la esclusa de Miraflores para observar el paso de las naves por el Canal.

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