Salvador de Bahía, tierra de la felicidad

Famosa por su historia, por el legado dejado, por la mezcla cultural, por el sincretismo religioso y por el pueblo acogedor, la capital bahiana atrae a turistas de todas las partes del mundo.

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Salvador, la más africana de las ciudades brasileñas y capital de la provincia de Bahía, es una ciudad con gran carácter apiñada entre la Bahía de Todos los Santos y las playas del océano Atlántico, una ciudad que se hace querer por la alegría de sus gentes, por la belleza de sus playas y por la herencia cultural recibida de portugueses e indios, retratada en su arquitectura, en su música y en su baile.

El emplazamiento de la ciudad, dominando una espectacular bahía, y su construcción escalonada, repleta de iglesias y palacios barrocos, enamora a los muchos viajeros que llegan hasta aquí. Eso sin contar con que el estado de Bahía en general y la ciudad de Salvador en particular presentan todos los tópicos que uno espera encontrar en Brasil: ambiente cálido, sensualidad a flor de piel, infinitas playas, palmeras, arquitectura colonial de vivos colores y una contagiosa bossa nova que incita a bailar a cualquier hora del día. Con estos ingredientes no es de extrañar que los turistas se sientan como atraídos por un imán.salvador de bahia calles

Las calles del centro histórico nos transportan a los orígenes de la historia de Brasil. El área que lo determina comprende los primeros límites de la ciudad fundada por Thomé de Souza, partiendo de la Plaza Castro Alves hasta Santo Antonio Além do Carmo, y se divide en tres zonas principales: de la Plaza Municipal al Largo de São Francisco, Pelourinho y Largo do Carmo, finalizando con Largo de Santo Antonio Além do Carmo.

Un lugar especialmente encantador es el Pelourinho, un delicioso barrio colonial perfectamente conservado, antiguo corazón de la ciudad y hoy día declarado Patrimonio de la Humanidad. Su mero nombre está cargado de connotaciones históricas. Antiguamente, cuando Bahía se había convertido en el centro económico de la colonia portuguesa en las Indias Occidentales, cientos de africanos eran llevados a sus puertos para ser vendidos como esclavos. Cuando alguno de ellos tenía que ser castigado, se le ataba a una columna de madera o piedra y se le azotaba públicamente. Esa columna se llamaba “pelourinho” y aún se conserva en muchas localidades brasileñas como testigo de aquella dramática época.

Recorriendo las callejuelas de este barrio encontramos multitud de caserones e iglesias de los siglos XVI, XVII y XVIII pintados con los colores más llamativos De hecho, es tal el número de iglesias apiñadas que hay que se dice que en Salvador hay una para cada día del año. Merece la pena acercarse a la de Nuestra Señora del Rosario(Largo del Pelourinho, s/n), construida por los esclavos y negros libres con el fin de disponer de algún lugar para el culto, pues tenían prohibida la entrada en las demás iglesias.

También destacan la fachada de piedra cincelada de la Iglesia de la Orden Terciaria de San Francisco (Inacio Accioli, s/n) y el interior trabajado en oro de la Iglesia de San Francisco. Además de estas obras de arte, en sus cuestas y calles pavimentadas con piedras rústicas, típicas de la región (cabeza de negro), se encuentran registrados importantes trechos de la historia brasileña del siglo XVI.

También hay que destacar las plazas Municipal y da Sé, el Elevador Lacerda, el Palacio Municipal, el Palacio Rio Branco, la Catedral Basílica y el Largo do Carmo, donde se encuentran el Fuerte de Santo Antonio y el gran conjunto religioso formado por la Iglesia y Convento de Nossa Senhora do Carmo y por la Iglesia de la Orden Tercera do Carmo.
En esta parte de la ciudad también se concentra el mayor número de museos, como la Fundación Casa de Jorge Amado, que expone fotos y objetos del escritor brasileño que tan poéticamente describió la sociedad bahiana en novelas como ‘Clavo y Canela’.
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Para tomar algo acércate a la Plaza dos Tupinambás, donde se reúne la beautiful people local. Al atardecer, la zona de Rio Vermelho se llena de vida y es una zona muy animada, con varios lugares con encanto donde tomar una cerveza y conversar.

Para hacer las inevitables compras turísticas pásate por el Mercado Modelo, en la ciudad baja: artesanía, cuadros, ropa, objetos decorativos…Todo a precios razonables. Y estando aquí puedes aprovechar y  tomar alguno de los barcos que recorren la Bahía de Todos los Santos y explorar sus diferentes playas e islas. Es una de las excursiones más agradables. Desde el Puerto Marítimo salen ferry a las islas de los Frailes, de Maré y a Itaparica, donde se reúne el mayor número de atracciones, desde monasterios románticos en ruinas (como la iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción) a pintorescos pueblos de pescadores como Barra Grande o Berlinque, pasando por playas desérticas con cocoteros como Tairu.

La naturaleza también fue pródiga aquí en la creación de sus bellezas a lo largo de los 50 km de playas de aguas tranquilas y cristalinas que discurren entre la ciudad alta y la ciudad baja, desde Inema, en el suburbio ferroviario, hasta la Playa do Flamengo, en el extremo opuesto de la ciudad. Mientras que las playas de la ciudad baja son bañadas por las aguas de la Bahía de Todos los Santos (la más extensa del país, con 1.052 km de espejo de agua), las playas de la ciudad alta, del Farol da Barra hasta Flamengo, son bañadas por el Océano Atlántico. La excepción es el Porto da Barra, única playa de la ciudad alta que se encuentra en la Bahía de Todos los Santos. Itapoá o Stella Maris son las más alejadas del centro y las menos contaminadas, y también las hay cercadas por arrecifes creando piscinas naturales de piedra.Rio vermelho

Formado por blancos, negros e indios, el mestizo pueblo bahiano es alegre, creativo, musical, heredero de un rico folclore y manifestaciones culturales. Junto con la música, la capoeira y los bloques africanos, la cocina es otro ejemplo de la preservación de los orígenes culturales africanos en Bahía.

La moqueca (guiso a base de pescado o camarón) es uno de los platos principales de la cocina local, siempre utilizando condimentos fuertes. También existe el bobó de camarón, el vatapá, el sarapatel y el caldo de sururu.

Poco se equivocaba Caetano Velhoso en su canción Na Baixa do Sapateiro cuando decía que Bahía es la tierra de la felicidad, un lugar para disfrutar con todos los sentidos.

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