Turismo: ¿un mundo menos móvil?

El retorno del turismo sin duda será clave para la velocidad de recuperación de la economía española. El sector turístico supone el 12,4% del PIB de España y ocupa al 12,9% de trabajadores.

En su escenario central, el Banco de España estima que este verano las exportaciones de turismo estarán en torno al 50% del nivel pre-pandemia y el año que viene ya llegarán al 90%.

Con la recuperación económica, parece que la vuelta a la normalidad es imparable. Algunos hechos, sin embargo, hacen pensar que la Covid-19 puede suponer un punto de inflexión en la movilidad global de personas con efectos a medio-largo plazo y nos tenemos que preguntar por las implicaciones estructurales que puede tener para nuestro país. Es cada vez más evidente que la pandemia tiene muchas posibilidades de persistir en el tiempo con solo un 0,3% del total de vacunas distribuidas en las economías emergentes y con la propagación de la variante delta.

El turismo internacional bajará, lo que afectará a países como España, donde el 60% del total de gasto es de extranjeros.

Algunos de los elementos que apuntan a un cambio persistente en la movilidad son los siguientes: por una parte, los desplazamientos tendrán una complejidad administrativa adicional con restricciones como tests o requisitos de vacunación. Por otra parte, hará falta un cierto consenso sobre las vacunas de la Covid-19 que acepta cada país y cuáles son los criterios para viajar. Los desplazamientos serán menos espontáneos y frecuentes. Eso perjudicará más al turismo low cost ya que se redujeron las improvisaciones de viajes en el último momento. A eso se tiene que sumar el impacto del Brexit.

Ante estos escenarios el turismo nacional aumentará y bajará el internacional, cosa que afectará desproporcionadamente a países como España donde el 60,2% del total de gasto turístico proviene de turistas extranjeros. Finalmente, el teletrabajo habrá cambiado también los hábitos del turismo de negocios donde una parte de las reuniones pasarán a ser telemáticas.

En este contexto, hay dos elementos clave para reducir el impacto estructural sobre nuestra economía: las respuestas multilaterales y la formación. Si alguna cosa hemos aprendido de la crisis es que, en un mundo tan globalizado, la respuesta internacional coordinada es fundamental. Lo ha sido para recuperar las cadenas de valor en la producción, lo será para hacer frente al reto del cambio climático y lo será también en la reactivación de la movilidad internacional. Sin una vacunación generalizada y consensos en los criterios para viajar, la recuperación será más lenta.

El segundo aspecto es el de la importancia de aprovechar la oportunidad de los fondos europeos para ayudar no solo a la inversión sino también a la transformación hacia unas economías capaces de generar empleo y un crecimiento sostenible. A menudo se menciona que eso implicará aumentar la economía digital y verde, pero también quiere decir que los recursos se reasig­narán de unos sectores a otros. Esta reasignación será mucho más lenta si la formación con las nuevas habi­lidades no acompaña. También es muy importante que podamos aprovechar los fondos para facilitar esta transición, ayudando a la transformación de un sector que experimentará cambios, pero que tiene también mucho a ofrecer ya que durante mucho tiempo ha desarrollado un gran conocimiento experto.

(Tomado de La Vanguardia, Nuria Mas)

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