Méritos no le faltan, sobre todo porque los participantes –en realidad toda la ciudad– no reviven el enfrentamiento, sino que se centran en el carácter de “fiesta” y así el protagonismo es de la alegría, la convivencia, en esfuerzo común… las ganas de divertirse. Por eso es frecuente encontrar “mudéjares” y “templarios”, seguidores de Ibn Arabí y del Infante Don Juan Manuel, caballeros de la Orden de Santiago o de San Juan de Jerusalén junto a “almorávides” y “almohades” del brazo por las calles y numerosas plazas formando una charanga…
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