Gorom Gorom; cruce de culturas

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© Asier Reino

Gorom Gorom es una localidad norteña de Burkina Faso, donde tiene lugar cada semana uno de los mercados más interesaantes y coloristas de todo Africa. El país se presenta internacionalmente como la tierra de los hombres íntegros. Y no le faltan razones para hacerlo, ya que los burkinabeses, realmente, y por lo general, son muy buena gente; pacíficos, acogedores y especialmente amables. La geografía de Burkina es, a grandes rasgos, de tipo sahel en el Norte y de sabana en el Sur, con bosques tropicales en sus fronteras con Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benin.

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Aunque está clasificado como uno de los países más pobres del planeta, cuenta con bastantes recursos naturales, tradicionalmente esquilmados por las potencias europeas, especialmente por Francia. Pero como sus últimos gobiernos no han sido tan corruptos como los de otros países vecinos, y han aprovechado bien la ayuda internacional, parece que el país va mejorando poco a poco y, por ejemplo, cuenta ya con una red viaria bastante decente, que permite transitar en asfalto por buena parte de su territorio, algo no muy habitual por esas latitudes africanas. Pero la mayor de las riquezas de Burkina radica, en mi opinión, en su diversidad étnica, y en la belleza interior de unas gentes que forman uno de los mosaicos culturales más ricos y contrastados de todo el continente africano.

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Así, las poblaciones del Norte, en su mayoría pastores pel, comparten las tierras con las aldeas de los mossi, pacíficos agricultores que actualmente conforman el mayor grupo étnico de Burkina Faso, con más del 40% de la población, y que antaño regentaron un poderoso imperio. El otro 60% de bukibaneses lo componen más de 50 grupos étnicos.

Según la tradición, los mossi derivan del matrimonio de una princesa dagomba y un cazador mandé. Yennenga, como se llamaba aquella princesa guerrera hija de un rey dagomba del este de Ghana, se casó con un cazador mandé y dio a luz al primer auténtico mossi, Ouedrago, que es reconocido hoy en día como el padre de dicho pueblo. La leyenda,  pese a serlo, contiene, sin embargo, información histórica cierta, ya que los mossi son originarios de un grupo ashanti, una población ghanesa compuesta por muchos subgrupos. Y, a su vez, también son descendientes directos del pueblo dagomba, que habita en el este de Ghana, en las inmediaciones de la ciudad de Tamale.

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Como en el imperio mossi todo se transmitía oralmente, no es imposible obtener datos demasiado concretos de antes de la colonización. Sin embargo, los historiadores fijan el comienzo de este imperio en el siglo XV, y hablan de que este pueblo era capaz de conquistar vastas superficies, gracias a su dominio del caballo. De esta forma, crearon una próspera estructura organizativa que se mantuvo en paz, y en expansión, hasta la colonización francesa. Los mossi, como pueblo mayoritario de Burkina, aún recuerdan los tiempos gloriosos de su imperio y, por ejemplo, el Moogho Naba, o rey mossi, todavía sale hoy en día, en Ouagadougou, la capital del país, a saludar a sus súbitos desde el balcón de su palacio en fechas señaladas.

La capital espiritual del norte es Bani, ciudad santa cuyas tierras de pastoreo se encuentran entre Gorom Gorom, nuestro destino, y el país gurmantche. Sus mercados son auténticos cuadros coloristas y sus siete mezquitas, de estilo sudanés, fueron construidas en los años 70 bajo la influencia del imán ElHadj Hama Mohamadu Ibn Hamadu que, cuestionando el islam oficial, creó una secta cuyos adeptos levantaron estas construcciones, tan atípicas como bellas.

Al Sur, uno de los pueblos más emblemáticos son los senufo, con sus casas de techumbre en paja muy trabajada, y su bosque sagrado en las proximidades. Los senufo configuran un conjunto de población muy especial, con tradiciones todavía vigentes que se remontan a cientos de años. Este pueblo, que se reparte entre el norte de Costa de Marfil, el sudoeste de Malí y el sudeste de Burkina, es mundialmente reconocido por sus telas pintadas, también de extraordinaria belleza.

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La capital del pais senufo es Banfora, un pequeño pueblo de muchos árboles, que dan sombra a los mercados y a las calles, algo que se agradece especialmente durante la estación seca y mas calurosa. En los alrededores de Banfora hay dos visitas obligadas: el lago de los hipopótamos y las cataratas de Kafiguela.

Muy próximos a los senufo viven los lobi, que significa hijos del bosque, y que construyen sus casas en dos plantas, algo poco usual por estos lares. Con fetiches por todas partes, su cosmogonía es muy peculiar y merece la pena tratar de entenderla. Básicamente son agricultores y cazadores que siguen practicando el animismo, del que se sienten muy orgullosos. Han estado sujetos siempre a las presiones de los reinos vecinos y fueron esclavizados durante muchos años por los imperios de Guiriko y Kenedugu. Su estructura social es muy individualista y les diferencia de otras tribus cercanas que tienen estructuras mucho más basadas en la colectividad. Las disputas, por ejemplo, se solucionan entre los causantes, y es raro que se tenga que acudir al consejo de ancianos para ponerles fin. Los apellidos se heredan de la línea materna, algo también realmente singular.

Sus casas, denominadas sukalas, se construyen, acorde a la personalidad de este pueblo, muy separadas entre ellas. Se levantan en banco y son verdaderas fortalezas. Una pequeña puerta permite la entrada al recinto familiar y la terraza, que también tiene mucha importancia, es el lugar desde dónde se controla al resto de la aldea. Un agujero permite la bajada a las estancias interiores, dónde cada mujer dispone de una habitación para ella y sus hijos.

Al sur y sureste de Ouagadougou están los gurunsi, que dan a sus casas formas caprichosas, y las pintan con dibujos geométricos de significados mágicos, con unos interiores igualmente curiosos. Este pueblo sólo representa un 6% de la población de Burkina y su idioma, el gru, es compartido con diferentes grupos étnicos de la región, como los kassena, winye, lela, nuna y pigulli. Todos ellos, durante la trata, al igual que otras muchas tribus africanas, fueron apresados y vendidos en los mercados mas importantes de esclavos de la época, entre los que destacaban el de Gao, en Mali, y el de Cotonou, en Benin. De esta forma, muchos acabaron en las plantaciones de Brasil, dónde hoy sus descendientes siguen hablando una lengua similar.

Siguiendo nuestro recorrido étnico, camino de Gorom Gorom, nos encontramos con la famosa localidad de Bobo Dioulaso, que debe su nombre al compromiso de dos etnias, los bobo y los diula, de compartir en armonía esta ciudad, hoy en día reconocida como la capital de la música del África Ocidental. Sus talleres de fabricación de yembes y otros instrumentos de percusión no pueden dejarse de visitar. También es famosa su mezquita del siglo XVI, que fue la primera construida en todo el país, y que exhibe una belleza de formas realmente espectacular. Además, esta ciudad de calles amplias y terrazas bajo grandes árboles, tiene otros atractivos fundamentales, como el barrio cristiano, el lugar dónde se fabrica la cerveza de mijo, y el río de los peces sagrados, donde algunas carpas inmensas recuerdan al viajero el animismo, aún muy presente, de estas etnias tan especiales.

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Por su parte, el pueblo dogón tiene una procedencia incierta y confusa. Hay muchas teorías. Unas los hacen originarios de la famosa caballería mossi, mientras que otras mantienen que llegaron a Burkina Faso al ser expulsados del norte de Ghana por los almorábides. Sea como fuere, el caso es que llegaron a estas tierras cuando todavía vivian en ellas los tellem, o pigmeos, que habitaban en cuevas a cierta altura de la falla de Bandiágara, la famosa depresión de mas de 80 kilómetros de largo, que marca la vida de los dogón, y es considerada por este pueblo como su auténtica patria. Las aldeas del país dogón, que se reparten por la meseta y la parte baja de la falla, presentan casas con formas diferentes, según su ubicación en uno u otro punto. Esa variable arquitectura, y la propia distribución del hogar, tienen un sentido divino, como casi todo en los dogón, que se caracterizan por ser un pueblo profundamente religioso. Las cuevas antaño habitadas por los pigmeos son utilizadas hoy por los dogones para enterrar a sus muertos.

Con toda esta amalgama étnica, el mercado de Gorom Gorom, que reúne gentes de todos los grupos y de todas las tribus, aunque muy especialmente pel, belah y tuareg, que son las etnias más numerosas en este espectáculo de color, es uno de los acontecimientos más impresionantes que un viajero puede aspirar a presenciar visitando esta parte del planeta.

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Los pel o fulani, pastores y comerciantes ubicados en el Sahel, son el pueblo nómada más grande del mundo y su origen es desconocido. Su idioma es el fula, o pular y, pese a ser clasificados en el complejo de pueblos sudaneses, no comparten demasiadas características físicas con éstos. Generalmente, su piel es color caoba claro, su complexión espigada, la nariz recta o aguileña, los ojos almendrados y el pelo fino.

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Los tuaregs, o imuhaghs, por su parte, son un pueblo bereber, o amazigh, igualmente de tradición nómada, original del desierto del Sáhara. Su población se extiende también por Mali, Niger, Argelia y Libia. Se organizan en unidades familiares extensas, que se desplazan con grandes rebaños. En la antigüedad, se dedicaban a saquear pueblos, controlando además las rutas del desierto. A lo largo de los siglos han adoptado algunas ideas del Islam, siempre que no fueran contrarias a sus propias creencias, que tratan de mantener intactas. También tienen su propia escritura, el tifinagh, y su idioma pertenece al grupo de lenguas bereberes. La estructura básica de la sociedad tuareg es el linaje, o grupo de parientes que reconocen un antecesor común. Los hijos pertenecen al linaje de la madre y heredan de ella, pero el hogar se establece en los campamentos de la familia del padre. Cada linaje pertenece a una categoría social determinada  que forma parte de una comunidad o tribu. Cada uno de estos linajes designa a su líder y, tras ello, el consejo de líderes elige, entre los guerreros, al Amenokal, o jefe de la tribu.

La tienda, o ehe, se identifica con el matrimonio y el hogar. La mujer debe fabricarla, con pieles o tejidos de cestería, y es su única propietaria. Las mujeres tienen autoridad en el campamento, ya que el hombre está frecuentemente ausente, en sus actividades como pastor, comerciante o guerrero. Generalmente, las mujeres son la que saben escribir y, más instruidas que sus esposos, participan en los consejos y asambleas del linaje, donde son consultadas para los asuntos importantes de la tribu. Las mujeres, también, pueden divorciarse y casarse con otros pretendientes, si se consideran maltratadas o desatendidas por sus maridos.

El último grupo étnico mayoritario en el mercado de Gorom Gorom son los bellah o tuaregs de raza negra que, a pesar haberse abolido la servidumbre hace años, continúan, en la práctica, todavía hoy, viviendo sometidos a sus señores. Y es que los bellah son los antiguos esclavos de los tuareg tamashek, y aún conservan el estilo de vida tradicional del pasado, y las vestimentas y los adornos de aquellas épocas. Ya no son esclavos, al menos oficialmente, pero siguen ejerciendo como sirvientes y son, por decirlo de alguna manera, una casta inferior, que se encarga de los trabajos más duros.

A caballo, a pie, o en camello, todo este mosaico étnico va llegando con sus mercancías al mercado de los jueves de Gorom Gorom, que significa “te sientas; y nos sentamos”, en clara alusión al papel histórico de esta localidad, capital de la provincia de Oudalan, como lugar de intercambio de mercancías, y cruce de caminos en el Sahel. El derroche de colorido y actividad que desbordan todos los rincones en día de mercado, son un auténtico regalo para los ojos de cualquier viajero. Y aunque las artes tradicionales han perdido algo de peso en favor de los productos chinos de plástico, el mercado de Gorom Gorom aún es uno de los más espectaculares de todo África, también en este sentido. Un lugar realmente muy especial dónde una indescriptible amalgama étnica y tribal se reúne cada jueves para hacer negocios, algo que en la cultura de todos ellos, tiene una importancia fundamental. Para vivirlo de forma completa hay que levantarse temprano, y así poder seguir toda la evolución de este acontecimiento maravilloso. Y también hay aguantar hasta el final, y seguramente acostarse tarde, ya que los lugareños rematan el día celebrando los buenos negocios en los bares locales.

 

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