El otro verano de Japón: tres refugios de naturaleza y clima suave para escapar del calor

Mientras gran parte de Japón experimenta durante el verano altas temperaturas y elevados niveles de humedad, cada vez más viajeros buscan refugio en destinos de montaña y espacios naturales donde disfrutar de un clima más fresco. Desde los paisajes árticos del norte de Hokkaido hasta los valles alpinos de Nagano o las gargantas recónditas de Shikoku, el verano japonés ofrece una alternativa ideal para quienes desean combinar naturaleza, actividades al aire libre, gastronomía de temporada y tradiciones culturales.

Japón
Fotografía: Isla de Rishiri (Hokkaido)

La isla de Hokkaido, al norte de Japón, registra temperaturas estivales medias de entre 18 °C y 25 °C. Durante estos meses, sus estaciones de esquí se transforman durante el verano en puntos de partida para rutas de senderismo y experiencias al aire libre. Parques nacionales como el de Daisetsuzan, el mayor de Japón, el de Shiretoko, Patrimonio de la Humanidad, y Rishiri-Rebun-Sarobetsu, el más septentrional, ofrecen impresionantes paisajes volcánicos, vastas áreas de naturaleza virgen y una gran diversidad de flora y fauna. Rishiri-Rebun-Sarobetsu comprende las remotas islas de Rishiri y Rebun, donde los meses estivales permiten recorrer rutas de senderismo por senderos costeros tapizados de vegetación ártica. De hecho, es uno de los pocos lugares del planeta donde la flora alpina no crece en las alturas de las montañas, sino de forma natural a nivel del mar, gracias a su latitud extrema y a las gélidas brisas del norte. Se accede a ellas en un trayecto de una hora y cuarenta minutos en ferry desde la ciudad de Wakkanai, hasta donde se puede ir en otras dos horas de avión desde Tokio.

En el centro de la isla de Honshu y muy bien conectada con Tokio se encuentra la prefectura de Nagano. Conocida como «el techo de Japón», invita a descubrir algunos de los paisajes de montaña más impresionantes del país. Su principal joya es Kamikōchi, un valle protegido situado a 1.500 metros de altitud donde las temperaturas rara vez superan los 25 °C. Flanqueado por imponentes picos nevados y el río Azusa —de aguas turquesas y cristalinas alimentadas por el deshielo—, ofrece rutas de senderismo entre bosques milenarios. En Kamikochi está estrictamente prohibida la entrada a vehículos particulares durante todo el año para preservar su ecosistema; solo se puede acceder mediante autobuses (en una hora desde la estación de Shin-Shimashima, en Matsumoto) o taxis autorizados.

Finalmente, el Valle de Iya (prefectura de Tokushima), ubicado en el corazón de la isla de Shikoku, es uno de los secretos mejor guardados de Japón para escapar de las grandes urbes. Se trata de una profunda y remota garganta envuelta en bruma donde la tupida vegetación y la abrupta orografía resguardan del sol directo. Es uno de los destinos más conocidos del país para practicar rafting en aguas bravas, y sus aldeas tradicionales que parecen suspendidas en las laderas ofrecen una inmersión absoluta en un paisaje atemporal y refrescante. El acceso al valle es desde las estaciones de Awa-Ikeda y Oboke, conectadas a Okayama en un trayecto de 1 hora y media, o en autobús desde Osaka, en un trayecto de unas cuatro horas.

Ya sea explorando su extremo norte, recorriendo senderos alpinos protegidos o adentrándose en legendarias gargantas fluviales, el verano en Japón demuestra ser mucho más que sus grandes metrópolis. Estas alternativas no solo garantizan una escapada de los enclaves turísticos más concurridos, sino que abren la puerta a una faceta serena, sostenible y profundamente ligada a la naturaleza del archipiélago nipón.

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